2009: "¡Magdalena!" exclama la Reina de las Fiestas. "¡Vitol!" responden, a coro, los castellonenses. Con tal ceremonia, finalizan los festejos todos los años. ♪♪ ♫ Renin654.
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Esta semana he decidido quedarme en Castellón, cumplir con sus tradiciones, vivir las fiestas de la Magdalena. Patearme la ciudad como miles de castellonenses, sonriendo a la vida a pesar de todo y disfrutando del sonido de "les dolçaines i tabals" y admirando los desfiles de las bandas internacionales. Deseo despertarme con el ruido de los petardos, comer con el de las "mascletás" apoteósicas y cenar bien acompañado con los castillos de fuego. Mi cuerpo quiere estimularse con los sonidos el ritmo y las melodías. Y el buen vino seguro que bañará mi diversión. Y cuando llegue la hora de sentir las emociones al máximo, me acercaré a la vieja plaza de toros a ver a los más valientes enfrentarse en el círculo mágico: a los listos "victorinos", los bravos "cuadri" y a los legendarios y cambiantes "miuras".
Os saludo desde la inmensa desembocadura del Okavango, Botsuana, durante la época de las lluvias. Donde el verde campa con tanta fuerza que se convierte, junto al azul del cielo y el agua, en los dos colores sobresalientes del bellísimo y laberíntico paisaje. A lomos de un caballo tranquilo y acostumbrado al medio recorro, en un safari puramente ecuestre de varios días, el delta interior más grande del mundo.
Es asombroso el espectáculo de sus llanuras de belleza serena. Estoy disfrutando como nunca del trote y el galope al mismo tiempo que percibo y admiro la fuerza salvaje de la fauna africana. Los expertos que nos guían hacen que todo sea más llevadero. No obstante, estoy aguantando las cinco horas de marcha de cada jornada gracias a mi faja especial de tres puntos que me he traído; y a algún que otro analgésico. La edad ya no está para mucha brega.
Las madrugadas siempre han sido mi debilidad pero éstas, además, son mágicas, tremendamente voluptuosas e ideales para dejarse llevar por sus infinitos matices, avistando todo tipo de aves: los dos metros y medio de envergadura del águila marcial, el movimiento pausado de la avutarda kori, los enormes jaribús africanos de pico rojo o los grupos de cálaos negros, que parecen pavos enormes de cantos mañaneros...
Cruzar pantanos de aguas poco profundas, lagunas, cascadas, campos interminables de lilas... Admirar árboles milenarios, seguir las pistas de los elefantes, ver algún viejo macho solitario ramoneando árboles en algún islote, cabalgar cerca de los búfalos negros y los licaones -perros salvajes-, viendo recortarse sobre el horizonte los cuellos de las jirafas, es algo que jamás podré olvidar.
El otro día, al atardecer, estuvimos disfrutando frente a una charca de hipopótamos y al regresar al campamento nos dejó anonadados la puesta de sol más dorada de nuestras vidas, puro oro. Por unos instantes me sentí el hombre más sobrado de la tierra. Más tarde, durantela cena alrededor del fuego, hablábamos de lo acontecido durante el día en nuestro paraíso mientras se oían demasiado cerca los rugidos de los leones nadadores de Okavango. Esa mismanoche nadie tuvo verdadera necesidad de cometer la imprudencia de ir a las distanciadas letrinas.
'Fatshe leno la rona' [Bendita sea esta tierra noble]. Himno Nacional de la Republica de Botswana desde la independencia en 1966. Escrito y compuesto por Kgalemang Tumedisco Motsete. ♪♪ ♫ zzahier. Letra. Vía EQM.
Os escribo desde la Bahía de Hudson, Canadá. Estoy pasando la Navidad con mis jóvenes amigas Christina y Avril. Es un placer ver el paisaje repleto de nieve y los gigantescos abetos tupir el monte. He venido aquí para saborear un espacio tantas veces descrito con maravillosa precisión, por el escritor favorito de mi infancia: James Oliver Curwood. "La naturaleza es mi religión", dijo en muchas ocasiones.
Estoy en una cabaña muy confortable hecha a base de troncos, en la zona más boscosa y salvaje. Aquí están las truchas árticas, las ballenas blancas, el oso polar, la foca, los temidos lobos... Y sus aguas están llenas de aves como las barnacas, ocas canadienses y águilas doradas. Entre los cánticos populares que se esparcen por el paisaje nevado, suena con majestuosidad "El Villancico del Hurón", la más vieja canción de la Navidad de Canadá. Cantamos sin parar frente al fuego, abrazados con fuerza, mientras bebemos sorbos de "screek", una bebida típica a base de ron, y nos deleitamos con el sabroso jarabe de arce.
Quiero recorrer algunas rutas agrestes que me recuerden las aventuras leídas de niño, donde los animales, los buscadores de oro y los tramperos, se cruzaban magistralmente en su imaginativa mente. Y sentir de cerca los árboles de hojas caducas como el abedul amarillo, el arce rojo, el fresno, roble, olmo... Aquí, las noches están ceñidas por los aullidos blancos y el viento acelera los fríos que hielan los ojos mientras, bien acompañado, acaricio a mi perro lobo "Bari", descendiente del famoso Kazán.
Música: 'Jesous ahatonhia' [Jesús ha nacido] (1643), también conocida en inglés como 'Twas in the Moon of Wintertime' [En la Luna de invierno] o 'The huron carol' [El villancico huron], es una composición navideña en lengua wendat, realizada en Santa María en el país de los hurones por el misionero jesuita Juan de Brébeuf [Francia, 1593-1649]. La letra inglesa es de Edgar Middleton. Letra en wendat, francés e inglés. La versión aportada es la de Heather Dale. ♪♪ ♫ vía shuniah80.
Silvia era menuda, de carácter fuerte, independiente, y, como le gustaba la vida, aprovechaba la proximidad de las cosas para amarlas con su peculiar vivacidad y contundencia. Como su voz, que le sonaba a chorro, una verdadera fuerza, clara y directa, sin tapujos.
Decidió vivir en la primerísima línea de playa, casi encima del Mediterráneo. Para oír el mar desde la terraza y comerse, hasta hartarse, todas las olas: de una en una. Criando estrías de agua y sal hasta ensanchar de vaporosa espuma, de la que llega a la rompiente; engordando de felicidad.
Vivía extasiada admirando los amaneceres imposibles. Y me consta que cuando guarnecía su callada timidez con las estrellas de la noche, hablaba con la Luna, de tú a tú; contemplando sus ojos de luz y contándole las ilusiones y deseos.
Pero quiso la fatalidad que a la rueda de su vida se le secara el eje y empezó a chirriar en pleno aval. Todos creyeron que se trataba de algo tan sencillo como engrasar las piezas adecuadas. Sin embargo, quiso el tiempo demostrar que su ruido era pertinaz. Un serio desgaste que estremeció a todos los que la querían.
La verdad fue tan dura que le obligó a retroceder. Ya no podía sentir la lejanía de los nítidos horizontes infinitos. En ese momento necesitó buscar el sentido de su nombre: "natural de la selva". Posponer sus sueños y acomodar los forzosos inminentes. Cubrirse con las montañas rojas y verdes, tierra a dentro, en el valle. Percibir la vitalidad que encierra el manto vegetal y rebozarse en él para afianzar su necesaria recuperación e impulso.
El nuevo hogar, de piedra, rodeado de florecidos baladres y vides trepadoras de limpios y dulces racimos, le hizo sentirse en contacto directo con la naturaleza. Sabía que iba a ser su cuartel general, desde el cual, preparar su cerebro para afrontar las clásicas propuestas. Un sólido terreno donde admirar al "Gran Manitu" y recuperar las fuerzas de los perversos tratamientos que se le avecinaban.
Desde aquella casa oía el surtidor de la fuente cercana, tal que un perenne manantial de buenos sucesos, que sólo se silenciaba cuando los centenarios chopos negros dejaban a sus hojas tocar las maracas de alpaca; al son de la brisa sostenida. Y allí descubrió que la noche no está sólo reservada para los búhos, que muchos otros, como el tímido y pigmentado Pechiazul o el diminuto Chochín, rompen el silencio con sus deliciosos trinos.
Durante las mañanas la vi muy a menudo paseando con dificultad por los caminos de tierra que cruzaban naranjos, almendros, olivos, algarrobos... con su perro, parecido a un clon de Golfo, el de la película "La Dama y el Vagabundo", un golfo de verdad que acabó escapándose; y ella, perdonándolo. Caminaba libre y se sentía una mujer libre, inhalando profundamente cada paso de paisaje, mirando al cielo con el juicio despejado, sin nubes.
Muchas veces hablé con Silvia en pleno campo, a la sombra de alguna Melia, o en su acogedor jardín, debajo de su tupida enredadera; donde mantenía día y noche un hilo de tenue luz: su cirio al futuro. Conversaciones sobre la vida: el deslumbramiento de la existencia, la fuerza de la pasión, la exigencia del reconocimiento, la aceleración del tiempo, el obstinado sufrimiento, la necesidad de apaciguar la mente, el descubrimiento de las prioridades...
Cuando la medicación se volvió insuficiente y la enfermedad le seguía mermando, la seleccionaron para recibir un tratamiento experimental. Un nuevo compuesto marino que provenía de la babosa de mar. Un fármaco novedoso. Los primeros resultados fueron esperanzadores y Silvia le llegó a tener tanta fe que, con su envidiable sorna, acabó bautizándola: "Tabatha", la hija con habilidades mágicas de Samantha, en "Embrujada".
Siempre me cautivó su pulcritud, el gran sentido del humor, la brutal fuerza para combatir la adversidad. Jamás la vi quejarse y en sus ojos de mar y bosque nunca contemplé exceso de humedad. Era observadora, noble, amiga de sus amigos, abierta, trabajadora. Había elegido el retiro como montura para recorrer sus desasosiegos y en las noches sembradas de luz, intentar acercarse aún más a su Luna para poder susurrarle al oído sus cosas.
No se sabe por qué aquella pócima mágica no continuó con su efecto benefactor y su última crisis dejó su cuerpo tan liviano como el de una hermosa niña. Así cerró los ojos, llevándose la imagen de todo lo que había amado y dejándonos más solos. Por eso los que la quisimos, de algún modo estuvimos con ella en la despedida. Y cuando el coche fúnebre aceleró en dirección al cementerio, me pareció ver salir de una calle a Golfo, su extraviado perro, ladrando y corriendo detrás para acompañarla.
Estoy en Tarma, "La bella perla de los Andes" (Perú). Aquí, donde nació la antigua cultura taruma, en plena cordillera, en un valle espectacular. Los treinta y tres templos de la ciudad siguen en la memoria de los fieles que cada año recorren sus muros durante la Semana Santa.
He venido para apreciar de cerca el famoso rostro de la Virgen de los Dolores, impregnado de una dulce belleza excepcional, y a verla desfilar entre arcos de plantas, pisando alfombras de arrayán, geranio y alhelí.
Salutaciones y deseos de una felices navidades para todos desde la Polinesia, en medio del Océano Pacífico, paseando entre las gigantescas y misteriosas "Moáis" y disfrutando de las maravillas de la isla "Mata ki te rangi" (Ojos que miran al cielo). Son unas navidades diferentes, con gentes que hablan de "Maque-Maque", el creador del mundo, y respetan y homenajean al "Tangata Manu", el hombre pájaro.
. Les dejo, por unos días, ya que parto hacia las tierras de..
[Yo soy] aquel negrito
del África tropical,
que cultivando cantaba
la canción del Cola Cao.
Y como verán Ustedes,
les voy a relatar
las múltiples cualidades
de este producto sin par.
Es el Cola Cao desayuno y merienda.
Es el Cola Cao desayuno y merienda ideal.
¡Cola Cao, Cola Cao!
Lo toma el futbolista para entrar goles,
también lo toman los buenos nadadores.
Si lo toma el ciclista, se hace el amo de la pista
y si es el boxeador, (bum, bum), golpea que es un primor.
Es el Cola Cao desayuno y merienda.
Es el Cola Cao desayuno y merienda ideal.
¡Cola Cao, Cola Cao!
Enrique Masip Segarra (Castellón - España). Trabaja la narrativa.
Colabora en algunos 'blogs' bajo el pseudónimo de "El xiquet de Columbretes".
Para contactar con el autor: enmasecs@hotmail.com