La Coctelera

Enrique Masip Segarra

Archivo de relatos y reflexiones

15 Marzo 2009

SPRAY - ESPRAIS

Relato breve.
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Desde el primer momento en que he reparado en ella mi mente se ha convertido en un ojo cuya pupila espaciosa está permanentemente forrada de su estremecedor cuerpo. Y aunque lo cierre con mandato, siempre esta ahí, para mi deleite. Ya sólo distingo los caminos que huelen a caricias soñadas, los que me conducen a sus labios que bailan con la lengua suaves baladas cuando me hablan. Ahora siento en mi interior un brote tierno que crece desmesuradamente, oprimiéndome con una fuerza turbadora que no me deja ni siquiera cabecear durante las noches.

Llevo ya meses sintiendo la pasión desbordada. Y cuando sueño que me arrulla llego a palidecer hasta que sufro un aprieto respiratorio y pierdo el conocimiento. Tengo tanto deseo que no sobrellevo bien la espera. Me es difícil seguir así. Y además, como dicen que la pasión no dura más de un pequeño tiempo, debo de darme prisa, aprovechar mi estado; y he decidido lanzarme con todas las consecuencias.

Creo que es amor de verdad, el que llaman las mujeres: romántico. Principió cuando empecé a mirarla como algo único y especial. Soy consciente de que es una percepción que me lleva a agrandar sus virtudes y reducir sus pocos defectos, olvidarlos. Son síntomas que reflejan un alto nivel de dopamina en los derredores del placer, ahí dentro, en el cerebro. ¡Qué maravilla!

Estoy convencido de que el amor es una bendición de Dios. Una semilla que la esparce a millones sobre el espacio infinito para que caiga en nuestro ánimo y así germinar en él la pasión que ciega y paralizar el sufrimiento de la ignorancia. Esencial para conseguir la felicidad de las criaturas.

Sin embargo, también estoy empezando a pasarlo mal. Sufro, sufro a raudales. Porque temo no ser el hombre que espera, aquel con el que siempre ha fantaseado; no estar en su horizonte. Y por eso mi cuerpo se afloja y tiene dificultades para sostener al sentimiento que lucha por equilibrarse, repartiéndose, como plomos en las llantas, trocitos de esperanza sobre sus misteriosas conducciones.

Hoy es el día señalado, saldré a su encuentro y le diré que la ambiciono. Debo proveerme de arrojo y hacer frente a una posible censura que no podría resistir. E inicio mi andadura convencido de que todo es posible si crees en ello.

Me encantan los esprais para estas ocasiones. Después de esparcir toda la semana el abrillantador sobre la carrocería de mi viejo coche y de hacerlo resplandecer hasta por dentro, le pongo las matrículas nuevas, las que llevan la bandera azul llena de estrellas. Y por último, como colofón a mi entrega, esparzo por el interior el último pulverizador, el milagroso, el que deja un olor idéntico al que desprenden los coches nuevos.

Estoy alegre, esperanzado, muy positivo. Limpio mi cuerpo, lo rocío con desodorante y humedezco el pelo con laca. Me dispongo a dar vueltas por el barrio bien perfumado, con la ventanilla bajada, saludando a todas las tías. Y me preguntan: ¿Coche nuevo? Y yo, sonriendo, les contesto: ¡SÍ!

Cuando el Sol enrojece, la invito a compartir conmigo aquella bella máquina. Y mi máxima ilusión, mi locura de amor, acepta, sin aspavientos, más bien tímida. Antes de que suba, con la esperanza de aumentar la confianza, me encargo de esparcir un poco de mi última adquisición: un spray de oxitocina, diseñado para "alcanzar niveles de relación óptimas"; y me dispongo a esperar los acontecimientos.

A pesar de sentirme apoyado en la confianza que me da todo mi arsenal de potingues y el estar en mi "nuevo" coche, arropado por el saxo envolvente de Kenny; espero impaciente a que entre. La tengo sentada cerca de mí, tiemblo, trago saliva y siento un impulso que me lleva a besarla de inmediato, consumiéndole los labios y acariciando sus pezones de piedra.

De forma inesperada y fulminante, retrocede huyendo de mí y me suelta un chorro violento con un mini-spray, paralizándome de inmediato. Mis ojos sufren el rechazo violento convirtiéndose en manantiales de lágrimas, mientras se me cae de la mano el aerosol de testosterona, el del deseo, que llevaba preparado; y acabo en urgencias con una verdadera crisis respiratoria.

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Enrique Masip Segarra [2009]. Todos los derechos reservados.
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Evanescencias. Dongyun Lee [Korea, ?]. Vía EQM.

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servido por enriquemasipsegarra 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Felipe

Felipe dijo

Me encanta la fluidez que tienes para contar cosas.
He notado tu página algo desconfigurada. Uso Firefox. Deberías probarlo, ya que he tenido ciertos problemas para dejar<u el comentario.
Un abrazo

17 Marzo 2009 | 11:19 AM

marta masip

marta masip dijo

bonitos relatos papá,
un besazo.

19 Mayo 2009 | 03:18 PM

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Sobre mí

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Enrique Masip Segarra (Castellón - España). Trabaja la narrativa. Colabora en algunos 'blogs' bajo el pseudónimo de "El xiquet de Columbretes". Para contactar con el autor: enmasecs@hotmail.com

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