Cambio de compás
Microrrelato.
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A mi amigo vespista "Manolitoito"
La joven estaba tumbada sobre la camilla en decúbito prono y, a continuación, sin dejar de apoyar el pecho, optó por la genuflexión. Retiré la mirada hacia la cristalera opaca que daba al pasillo y mientras se movían las sombras anónimas, cruzó las pantorrillas dejando las puntas de los dedos pulgares hacia abajo. Se quedó quieta un segundo, giró el cuello y mirándome sumisa, me dijo: "ahora haga lo que tenga que hacer, doctor".
Mi bata blanca impoluta brillaba con la luz de su desnudo y sublime cuerpo que me seducía como nunca lo había hecho nadie. Sabe Dios que deseé escarchar los pensamientos, pero me vi tan torpe... El tiempo se encargó de aturdir aún más mis sentidos, hasta arrumbar la dicción y los enseres clínicos. Y mi profesionalidad se derrumbó con la clarividencia totalmente ajetreada.
En aquel instante todo empezó a cobrar vitalidad y el movimiento mágico de las carnes redondeadas cambió mi percepción. Me quedé absorto. Fue entonces cuando descubrí que hay culos que tienen los ojos azules y se descoyuntan hasta enloquecerte. Te hablan y piden saber de ti; y tú no te puedes negar porque los anhelas y te espera el aplauso.
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Enrique Masip Segarra [2009]. Todos los derechos reservados.
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Globo terráqueo. Vía EQM.


El Guerrero del antifaz dijo
Buen gusto tenga usted, señor doctor. Y buena foto ¿El culo del mundo?
3 Mayo 2009 | 09:08 PM