Celos
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(Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes)
Relato breve.
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Tiene en su haber una peluca oscura de cotillón y muchos amores muertos. Siempre procede del mismo modo: cuando determina que se ha enamorado de una muchacha, la sigue sigilosamente hasta cercarla en algún lugar invisible. Allí la hace suya amenazándola y como sus celos son tan rabiosos, a continuación, para no sufrir con la permanente sospecha, la degüella.
La última víctima le ocasionó un deleite extraordinario, pero con sus ojos lóbregos le ha manchado el cerebro de negro. Y ahora no hace otra cosa que resonar con ella repitiendo la secuencia, como lo haría una vulgar moviola, frente a su lápida, en el cementerio. Además, empieza a sufrir recelando de los difuntos que la rodean y ante el temor de que los fantasmas de la noche se sobrepasen, la vela alumbrado por la menguada Luna.
Lleva muchas noches al aguardo y los percibe, pero no los ve. Así que cada vez está más ofuscado por la desconfianza y esta noche ha decidido levantar la losa y desenterrar el cadáver. Cerciorado de que no hay rastro de semen en su vagina, cabizbajo, aún cree que los malos espíritus la gozan a escondidas, burlándose de él. Por eso ha decidido ir a por ellos, anegando la tumba con toda su sangre.
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Enrique Masip Segarra [2009]. Todos los derechos reservados.



lilian fernandez dijo
Enrique, que obsesión, eso no es amor eso es enfermedad del alma. que lóbrego
UN BESO
26 Julio 2009 | 12:19 AM