Varones y hembras
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Relato breve (suficientemente sensual).
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El hombre, tumbado en la cama, totalmente desnudo, se abandonaba a las caricias de la mujer que, embadurnándolo de aceites mágicos, le masajeaba sus carnes con delicadeza y verdadero amor. Los movimientos de aquellas pequeñas manos eran parsimoniosos y parecían reflexionar en cada pliegue, en cada rincón de su recorrido. Unas veces abiertas, otras cerradas, pero siempre con los dedos vivarachos transitando las líneas clave que hacen resurgir los sentimientos.
Él, era como un carillón de cuerda dispuesto a hacer sonar todas sus viejas campanas, en cuanto las agujas marcaran la hora de la iluminación. Soñaba con repicar en aquella habitación del hotel al tiempo que ascendía su excitado cuerpo. La chica, arrodillada, abarcando sus piernas, mostraba los muslos duros. Vestía una blusa larga de seda verde que por su escote dejaba entrever las rígidas delicias. Era pertinaz en los mimos y su rostro de ángel oriental sonreía con picardía cada vez que su amor prohibido se dejaba llevar por las placenteras sensaciones.
Los grandes ventanales descubrían un día desecho por el paso del torbellino de viento y agua que mudó a la ciudad, volviéndola triste. La poca luz de la tarde se incorporó a la ternura de aquella mujer, iluminando su lozana figura mientras aparecía lentamente al desprenderse de su ropa, tal que un telón en el estreno. Cuando sus pechos quedaron al descubierto, oscilaron tan firmemente que parecieron no hacerlo. Eran provocadores, insultantes, como los caros diamantes de un rico anillo.
Ahora, toda la feminidad irradiaba desvergüenza. Y después de acariciar la parte más intima de su hombre hasta dejarla inflexible y ansiosa, se adelantó sobre las rodillas posándose encima de ella, tumbándola. Entonces, la envolvió con su sexo apretujando con nervio. Era como atrapar el mismo sol, sentir el calor ardiente de una vía convexa que la empujaba con afán a recorrerla una y otra vez, como queriendo evaluar cada milímetro de ella. Imposible describir los gestos y contorsiones de sus hipnóticas curvas, durante aquel deslizamiento obsesivo en busca de un álgido relámpago que la hiciera levitar.
Su varón hacía tiempo que, con el semblante desfigurado por los estremecimientos continuados, se encontraba al límite. Intuía que aquel excéntrico cimbreo de carnes era el aviso de que el paso iba al encuentro, plenamente abierto. Y cuando a la joven le empezaron a brillar los ojos impúdicamente, advirtió que se había fusionado con su cuerpo para explosionar juntos, asidos, cual pareja de enamorados.
Un joven estudiante, entre muchos otros adictos, vio reiteradamente toda la escena a través de una página erótica de Internet. Y, excitado por los hechos de tal muestra de pasión, comenzó a masturbarse por enésima vez, haciendo caso omiso del tono insistente de su teléfono móvil. Era el tema musical del movimiento "Virgen al Matrimonio", el de su novia.
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Enrique Masip Segarra [2009]. Todos los derechos reservados.
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"Matrimonio de la Virgen" [s1614]. El Greco [Grecia, 1541-1614]. Museo Nacional de Arte de Rumania, Bucarest. Vía EQM.
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lilian fernandez dijo
INTERESANTE Y CALENTITO RELATO
UN BESO ENRIQUE
21 Septiembre 2009 | 08:47 PM