La Coctelera

Enrique Masip Segarra

Archivo de relatos y reflexiones

6 Noviembre 2011

El puente de la autovía

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Relato breve.

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Ella se quedó sin trabajo por culpa de una enfermedad persistente que le producía mareos discontinuos, impidiéndole trabajar con regularidad. Él perdió su puesto de responsabilidad en una empresa de servicios debido a una regularización provocada por la crisis. Hasta entonces habían sido una pareja feliz. Ahora, una espesa bruma se introducía en sus vidas con el ánimo de arraigar hasta cerrarles la vista.

Mayor infortunio se cebó con ellos cuando, poco después, una noche de fina lluvia, les comunicaron la muerte de su única hija debido a una colisión violenta contra un canto de cemento armado del puente de la autovía cercana. Fue un tránsito instantáneo de una joven conductora, de las de la "L". Parece que se trató de un descuido, una distracción tonta en una curva moderada, que le supuso dejar esta vida sin despedirse de nadie. De la forma que más duele a los que se quedan.

A partir de ese momento el dolor patológico les hizo entrar en particular trance. Un estado de conciencia que les llevó en volandas durante mucho tiempo. Como si sus cuerpos fueran pequeños tapones de corcho abandonados, flotando al antojo de un mar tenebroso de espumas erizadas. Ahora arrancados del agua hasta elevarse en el aire como si pretendieran huir; ahora girando impetuosamente sobre si mismos hasta alcanzar el desmayo, impulsados por las rachas volubles.

Durante esa experiencia no hicieron otra cosa que construir un diminuto sepulcro al borde de la carretera, entre la alambrada y el terraplén lateral del puente. En terreno de "nadie". Allí se plasmó todo el daño de la muerte, alojando las cenizas de la hija dentro de una caja de piedra enterrada, enaltecida con una pequeña cruz de hierro. Siempre coronada de flores silvestres.

La pérdida de la vivienda por continuos impagos hizo que su presencia junto al puente acabara siendo perenne. Querían que en ese lugar siguieran estando los tres juntos, como si no hubiera pasado nada. Un talud repleto de sentimientos donde quedarse a vivir o morir; qué más daba. Sentirse armonizados y solos, con el rumor incesante de los coches, indiferentes, que no miran. Alejados de las observaciones curiosas de los vecinos. Excluidos del mundo.

Una tarde, refugiados malamente en la chabola de plásticos, la tormenta llenaba de agua urgente los vertederos de desfogue, que acababa inundando la cuneta. Mientras miraban por la ventana de fortuna un crepúsculo cerrado, falto de claridades rojas y doradas, oyeron unos golpes secos y el chirriar de algunos coches. Acabaron enterándose de que un hombre muy joven cayó del puente y fue atropellado reiteradamente por algunos automovilistas que no lo vieron. Fue una noche terrible plagada de lamentos de autovía, en la que los fantasmas volvieron con fuerza paseándose con chubasqueros y golpeando con sus negras botas de agua los charcos de la memoria.

Pasados varios días, se acercó una pareja con el mismo ánimo que les llevó a ellos a instalarse allí. Se trataba de los padres del chico atropellado. Sentían la necesidad de reencontrarse con su hijo en el mismo sitio en el que perdió la vida. Pero algo inesperado estaba ocurriendo: los recien llegados no eran unos desconocidos para el matrimonio asentado. El hombre era el dueño de la empresa en la que había trabajado él y, por tanto, el responsable de su despido.

Sintieron, pues, un rechazo total a compartir su dolor con aquellas personas. No estaban por la labor de perder su buscada intimidad y aislamiento. Tampoco a soportar la cercanía de quien le propició al marido su declive profesional. Consideraban, además, tener todos los derechos por el mero acto de ser los primeros en llegar, y no se planteaba tal desatino. Máxime cuando se enteraron de que aquel muchacho no se había caído, sino más bien determinó suicidarse. ¿Cómo podía permitir que su hija estuviese acompañada por un vil pecador?.

Las reiteradas visitas para que accedieran a sus pretensiones por caridad cristiana, hizo que la tensión fuera en aumento hasta desestabilizarlos. Un día en el que aquel hombre arrebatado por la mortificación les pidió sollozando poder leerles la carta que a modo de despedida les escribió su hijo; asintieron por pena. Cuando el hombre acabó de leer la nota suicida, se sorprendieron tanto que, estremecidos, lloraron al unísono.

A partir de entonces todo cambió en sus vidas. Aquella carta hablaba de como la racionalidad se ahogaba en el desespero causado por la pérdida de un ser amado. De no encontrar el sentido a la vida alejado de la reciprocidad amorosa. Y ese maravilloso afecto, era hacia su hija. Algo por todos ignorado. Decidió quitarse la vida en el mismo puente en el que ella la perdió, su único afecto, y quiso ser enterrado a su vera, ceñidos para siempre.

Los nuevos hechos hicieron que olvidaran los rencores y la amistad surgiera entre las dos familias. El mismo día juntaron las cenizas y al hacerlo, se produjo una reacción extraordinaria que endureció aquella mezcla hasta convertirla en una piedra preciosa muy dura y brillante; señal de un amor mutuo inigualable. Pronto compartieron todo, en aquella guarida del mundo. Aceptando que la muerte es parte de la vida. Y descubriendo, arrimados, todos los atardeceres, los castillos de nubes doradas donde se abrazaban sus hijos.

Desde aquel recoveco se generaron tantos sentimientos gozosos que, como si se tratara de una fuente, llegó a brotar una incalculable energía vital. Que, conducida a través de la infinita alambrada, se expandió tal que una nube de esperanza sobre todas las cruces que surgían al borde de la carretera, aplacando a los que perdieron a un ser querido en el asfalto.

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Enrique Masip Segarra [2011]. Todos los derechos reservados.

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'Romeo y Julieta' [1870]. Ford Madox Brown [Reino Unido, 1821-1893] pintor afín a la Hermandad Prerrafaelita. Delaware Art Museum [Wilmington. Delaware. EEUU]. Vía EQM.

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Zort

Zort dijo

Es un relato de primera. Enhorabuena.

6 Noviembre 2011 | 08:13 PM

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Sobre mí

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Enrique Masip Segarra (Castellón - España). Trabaja la narrativa. Colabora en algunos 'blogs' bajo el pseudónimo de "El xiquet de Columbretes". Para contactar con el autor: enmasecs@hotmail.com

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